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lunes, 15 de agosto de 2011

Una ventana a un fututo diferente



El escritor israelí considera que el movimiento de protesta es una ocasión única para la refundación de un país que necesita como pocos la cohesión social

DAVID GROSSMAN 07/08/2011

El sábado 30 de julio por la tarde, mientras nos manifestábamos en Jerusalén, miré a mi alrededor y vi un río de gente que recorría las calles. Había miles de personas que llevaban años sin hacer oír sus voces, que habían abandonado toda esperanza de cambio, que se habían encerrado en sus problemas y su desesperación.
    Israel

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    A FONDO

    Capital:
    Tel Aviv.
    Gobierno:
    Democracia Parlamentaria.
    Población:
    7,112,359 (est. 2008)

"Por primera vez en decenios hay un programa común humano y cívico"
"La ocupación es lo que más ayuda al fracaso del sistema de alerta social"
"Hace tiempo que no hablamos entre nosotros, y más aún que no escuchamos"
No les resultó fácil unirse a los jóvenes ruidosos provistos de altavoces. Quizá por la timidez propia de unas personas poco acostumbradas a levantar la voz, sobre todo en medio de un coro de gritos. A veces, tenía la impresión de que nos mirábamos asombrados e incrédulos, sin creernos del todo lo que salía de nuestras bocas. ¿De verdad éramos aquella turba, aquella muchedumbre indignada, que levantaba el puño como habíamos visto hacer en Túnez y Egipto, en Siria y Grecia? ¿Queríamos serlo? ¿Hablábamos en serio cuando gritábamos "¡revolución!"? ¿Qué ocurriría si lo conseguíamos y los lazos que mantenían unida nuestra frágil nación se deshacían? ¿Y si las protestas y las pasiones se transformaban en anarquía?
Sin embargo, después de un rato de desfilar, algo empezó a recorrer nuestras venas: el ritmo, la energía, el sentimiento de unidad. No una unidad que nos intimidase y nos aplastara, sino una unidad heterogénea, abigarrada, familiar e individual al mismo tiempo, una unidad que nos proporcionaba un fuerte sentimiento: aquí estamos, haciendo lo que es debido. Por fin.
Pero entonces llegó la desolación: ¿dónde estábamos hasta ahora? ¿Cómo hemos permitido todo esto?
¿Cómo pudimos resignarnos a que el Gobierno elegido por nosotros convirtiera nuestros sistemas de educación y de salud en un lujo? ¿Por qué no gritamos y protestamos cuando el Ministerio de Economía aplastó a los trabajadores sociales en huelga, y antes de ellos a los discapacitados, a los supervivientes del Holocausto, los ancianos y los jubilados? ¿Cómo es posible que durante años empujáramos a los pobres y los hambrientos a una vida de humillaciones sin fin, en comedores sociales y otras instituciones de beneficencia? ¿Cómo es posible que abandonásemos a los trabajadores extranjeros a merced de personas que les perseguían y les vendían como esclavos de todo tipo, incluso sexuales? ¿Por qué nos acostumbramos a la rapiña de las privatizaciones, que provocó la pérdida de la solidaridad, la responsabilidad, la ayuda mutua, el sentimiento de pertenecer a una misma nación?
Por supuesto, semejante apatía se debió a muchos motivos, pero, en mi opinión, la ocupación es el factor que más ha contribuido al fracaso de los sistemas de control y alerta en la sociedad israelí. Los sectores más enfermos y perversos de nuestra sociedad salieron a la superficie mientras nosotros, tal vez por temor a enfrentarnos a la realidad de nuestras vidas, nos dedicábamos con gran placer a todo tipo de cosas concebidas para embrutecer nuestros sentidos y ocultar esa realidad. De vez en cuando, cuando nos mirábamos en el espejo, algunos se sentían satisfechos por lo que veían y otros se estremecían, pero incluso estos últimos decían: bueno, qué se le va a hacer; suspiraban y le echaban la culpa a La Situación [el conflicto árabe-israelí], como si fuera nuestro destino o un decreto de las alturas. Más aún, dejamos que la televisión comercial llenara el vacío en nuestra conciencia colectiva y pasamos a definirnos en función de luchas por la supervivencia y comportamientos depredadores, a atacarnos unos a otros sin piedad y a despreciar a cualquiera que fuera más débil, o diferente, o menos bello, menos rico o menos listo. Hace años que no hablamos entre nosotros, y más tiempo aún que no escuchamos. Al fin y al cabo, en una atmósfera de codicia y egoísmo, cómo no vamos a atacar a los demás y a pulverizarlos, si eso es precisamente lo que nos enseñan en cada momento: sálvese quien pueda.
Cuanto más nos agotábamos negando sin cesar la realidad, más invitábamos a la opresión, la manipulación y el embrutecimiento de nuestros sentidos, y nos fuimos convirtiendo en víctimas de una política secreta -y eficaz- de divide y vencerás. De modo que una cosa llevó a otra, y nuestras reflexiones honradas sobre el destino y la fatalidad disminuyeron hasta quedarse en peleas por "quién ama al Estado de Israel y quién lo odia", "quién es leal y quién es traidor", "quién es un buen judío", en vez de "quién se ha olvidado de que es judío"; cualquier discusión racional está hoy cubierta de una capa de sentimentalismo, el sentimentalismo patriótico y nacionalista del fariseísmo y el victimismo, la posibilidad de hacer una crítica inteligente de la situación ha ido reduciéndose, e Israel, al final, actúa y se comporta con sus ciudadanos de manera totalmente contraria a los valores e ideales que en otro tiempo le daban su carácter extraordinario y el oxígeno que respiraba.
No obstante, de pronto, en contra de todas las predicciones, hay algo que se ha despertado. La gente se frota los ojos y empieza a abrirse a ese algo, todavía indefinible e impredecible, incluso indescriptible, pero que está adquiriendo forma a través de eslóganes rescatados del tópico, como "¡el pueblo exige justicia social!" y "¡queremos justicia, no caridad!" y otros sentimientos recuperados de épocas anteriores. Existen en el aire indicios de una posible curación, un tikkun, y, por primera vez en mucho tiempo, volvemos a respetarnos a nosotros mismos, como ciudadanos individuales y como pueblo de Israel.
Este despertar está lleno de fuerza, pero también de ingenuidad, y puede embriagarnos. Resulta tentador dejarse llevar por la euforia ante todo lo que ha inspirado este giro de los acontecimientos, hacernos la ilusión de que, una vez más, estamos derribando un viejo orden hasta sus cimientos. Pero no es exactamente eso: el viejo orden no estaba tan mal. Tuvo sus grandes logros, que, entre otras cosas, permiten que el movimiento de protesta exprese sus aspiraciones y que se hagan realidad al menos algunas de ellas. Por eso es imperativo que esta lucha utilice un lenguaje distinto al de otras luchas anteriores que ha habido en este país. Por encima de todo, la lucha debe basarse en el diálogo, para ser socios, y no agentes de unos intereses estrechos y egoístas; personas de principios, y no unos oportunistas sectarios; para no vivir según el versículo "cada uno a su tienda, Israel". Esa es la única manera de que este movimiento siga teniendo el inmenso apoyo de la población con el que ha contado hasta ahora. El carácter ligeramente confuso del movimiento es precisamente el que hace posible que los distintos grupos reunidos en él conserven sus propias opiniones políticas diferentes al mismo tiempo que comparten -por primera vez en decenios- un programa común humano y cívico, que nos hace estar orgullosos de pertenecer a esta comunidad. ¿Quién, en Israel, puede permitirse el lujo de renunciar a unos bienes tan escasos?
Este movimiento de protesta y sus ecos nos ofrecen una oportunidad de acercamiento entre distintos elementos de la sociedad que no se comunicaban desde hacía generaciones: religiosos y laicos; árabes y judíos; miembros de clases sociales distintas y distantes. En este proceso de identificar lo que tienen en común y lo que pueden conseguir, incluso la derecha y la izquierda pueden emprender un diálogo más realista y comprensivo; por ejemplo, sobre la apatía de la izquierda ante quienes tuvieron que recolocarse tras la retirada de Gaza, una herida abierta entre los colonos. Dicho diálogo quizá pueda aún salvar lo que sea posible del concepto de solidaridad, que un país en nuestra situación no puede dejar desaparecer. En otras palabras, si podemos encontrar este movimiento de protesta en las palabras del poeta Amir Gilboa -"Un día, un hombre se despierta por la mañana y siente que es una nación, y empieza a caminar"-, entonces debe continuar como el poema: "Y a todos los que se encuentra por el camino les dice: 'Que la paz sea contigo'".
Es fácil criticar la evolución de este movimiento recién nacido y arrojar dudas sobre él. Siempre es más sencillo encontrar motivos para no hacer algo audaz y definitivo. Pero quien escuche los latidos de los corazones de los manifestantes -no solo en el bulevar Rothschild de Tel Aviv, sino también en los barrios pobres del sur de la ciudad, y en los de Jerusalén, y Ashdod, y Haifa y Beit Shean- se dará cuenta de que se ha abierto una ventana a un futuro diferente. Ese es el momento propicio para que suceda algo así, y, para gran sorpresa de todo el mundo, la gente, por fin, está verdaderamente adhiriéndose a la causa. Tal vez es eso lo que quería decir la joven que se me acercó en la manifestación de Jerusalén y me dijo: "Mira. Todavía faltan líderes, pero la gente ya está aquí".
© 2011, David Grossman. Traducido del inglés por María Luisa Rodríguez Tapia.



viernes, 24 de junio de 2011

“Mi misión es contar”

18/06/11
Fue compañera de colegio de Ana Frank y también en el campo de concentración. Sobrevivió al Holocausto y evoca su historia.
Yo la conocí en octubre de 1941. Era una chica como tantas otras en esa clase del Liceo Judío. Estábamos allí porque el gobierno holandés había acatado el pedido de Hitler de separar a la población judía de las escuelas comunes y habilitar para ellos quince nuevas escuelas. Todas veníamos de lugares diferentes, pero allí nadie hablaba, nadie discutía porque sabíamos que estábamos en una situación difícil y teníamos miedo. Por eso, no sólo me acuerdo de Ana Frank. Recuerdo a todas las demás jovencitas que se iban yendo y que fueron asesinadas. No fui su amiga, pero estuve en su cumpleaños, cuando le regalaron el diario.” Nanette Blitz Konig tiene los ojos de un azul acerado, la cara con arrugas y una energía poco común a sus 83 años. Está en Argentina para conmemorar los dos años del Centro Ana Frank y el 82° aniversario del nacimiento de su compañera de colegio, la chica que murió en Bergen Belsen, el mismo campo de concentración donde Nanette sobrevivió. Ana Frank escribió un diario que difundió su voz a los cuatro vientos en sesenta y siete idiomas. A Nanette le quedaron las palabras para nombrar el horror y contar lo que vio, dice, es la misión de su vida. La sombra de Ana es su carta de presentación y también su sostén, su retaguardia.
“Recuerdo bien el día de su cumpleaños, el 12 de junio de 1942, por dos cosas. En primer lugar, porque estaban todos los regalos sobre una gran mesa, y entre ellos el diario. En segundo lugar porque el padre de Ana comenzó a proyectar una película Super 8 donde aparecía una mujer preparando mermelada en el fregadero. Yo no entendía qué tenía de particular que alguien hiciera mermelada, mi mamá también hacía y no la habíamos filmado nunca. Pero después apareció una película de Rin Tin Tin y ahí me di cuenta de que todo estaba en el mismo rollo. La escena de la mermelada era una publicidad de la firma Deli, una de las empresas de Otto, el papá de Ana -agrega Nanette-, pero eso yo lo supe mucho después.” La mujer que se había prestado para el comercial de mermelada tuvo una importancia central en la historia que vendría después. Era Miep Gies, empleada de Otto Frank, quien se convirtió en una de las protectoras de los refugiados en el escondite en la parte de atrás de la fábrica, el pequeño departamento donde ocho personas vivieron sin hacer ruido durante dos largos años y donde Ana escribió su diario. Fue justamente Miep Gies quien lo encontró luego de que la Gestapo irrumpiera en el anexo llevándose a la gente con destino al exterminio. De todos ellos sólo Otto sobrevivió.
¿Qué pensó cuando de un día para otro Ana dejó de ir a la escuela? Fue poco después del cumpleaños.Ellos habían hecho correr el rumor de que se habían ido a Suiza, y lo creímos. Tan es así que cuando la vi en el campo de concentración me asombré y le pregunté cómo era posible si estaba en Suiza... Ana era un esqueleto. Todos éramos esqueletos, pero ella no tenía carne en las caderas. Venía de Auschwitz, estaba muy debilitada.
¿Ana pensaba sobrevivir? Absolutamente. Me dijo que había escrito un diario cuando estaba escondida y que después de la guerra iba a usarlo de base para escribir un libro. Quería ser escritora. Yo la ví varias veces, hasta que la llevaron a la barraca de los enfermos. Tenía tifus” Ana murió 35 días antes de la llegada de los aliados al campo. Nanette, con 30 kilos de peso, sobrevivió al tifus y a la tuberculosis. Sin familia, sin documentos, sin educación, sin nadie con quien hablar del horror, Nanette viajó a Londres, a casa de sus tíos. Hizo un curso de secretaria, conoció a John Konig, el ingeniero húngaro con quien se casó en 1953 para radicarse juntos en Brasil, donde nacieron sus tres hijos.
¿Cuándo comenzó a contar? Comencé cuando aquellos que sobrevivieron a Polonia dijeron que Holanda fue un paraíso. Los sufrimientos del Holocausto no se comparan, porque cada país tuvo circunstancias muy diferentes. Pero si bien en Polonia fue asesinado el 91% de su comunidad judía, en Holanda fue el 80%. Holanda siempre quiso dar la impresión de que había defendido a los judíos pero, por ejemplo, fue el Consejo holandés y no el gobierno alemán quien separó las escuelas. Yo hablo para que estemos atentos, porque a Hitler lo eligieron democráticamente. Y porque cuando la economía está mal las minorías comienzan a ser perseguidas.”

miércoles, 25 de mayo de 2011

Palestina, en la larga marcha hacia su Estado

25/05/11 - 02:17

La comunidad internacional puede dar un paso trascendente para la paz en Oriente Medio durante la próxima Asamblea General de la ONU.


Hace 63 años, un niño palestino de 13 años se vio obligado a abandonar su hogar en la ciudad galilea de Safed y a huir con su familia a Siria. Se guareció en una carpa de lona como la que se les proporcionó a todos los refugiados que llegaban. Aunque él y su familia durante décadas anhelaron volver a su casa y su tierra natal, se les negó ese derecho humano fundamental. La historia de ese chico, como la de tantos otros palestinos, es la mía. Ahora, sin embargo, el pueblo palestino tiene motivos de esperanza: en septiembre, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, pediremos el reconocimiento internacional del Estado de Palestina con las fronteras de 1967 y que nuestro estado sea admitido como miembro pleno de la ONU.
Muchos preguntan qué valor tiene tal reconocimiento mientras continúe la ocupación israelí. Otros nos han acusado de poner en peligro el proceso de paz. Pero nosotros creemos que esto tiene un enorme valor para todos los palestinos, los que viven en el suelo patrio, en el exilio y bajo ocupación.
Es importante destacar que la última vez que la cuestión de la creación de un estado palestino ocupó el centro de la escena en la Asamblea General, la pregunta que se le planteó a la comunidad internacional fue si nuestra tierra natal debía ser dividida en dos estados. En noviembre de 1947, la Asamblea General dio su recomendación y contestó por la afirmativa. Minutos después de la instauración del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, Estados Unidos lo reconoció. Pero nuestro estado palestino sigue siendo una promesa incumplida.
El ingreso de Palestina a la ONU allanaría el camino para la internacionalización del conflicto como asunto de carácter legal, no sólo político. Nuestra lucha por el reconocimiento como estado no debe ser considerada un ardid publicitario. Hemos perdido demasiados hombres y mujeres para participar en semejante actuación política. Vamos a la ONU ahora para asegurarnos el derecho de vivir libres en nuestra patria histórica, porque llevamos veinte años negociando con el Estado de Israel sin estar más cerca de concretar un estado propio. No podemos esperar indefinidamente mientras Israel sigue enviando colonos a la Cisjordania ocupada y nos niega a los palestinos el acceso a la mayor parte de nuestra tierra y nuestros lugares sagrados, en particular en Jerusalén. Ni las presiones políticas ni las promesas de recompensas de los EE.UU. han detenido el programa de asentamientos de Israel.
Las negociaciones siguen siendo nuestra primera opción pero, debido a su fracaso, ahora nos vemos obligados a recurrir a la comunidad internacional para que nos ayude a no perder la oportunidad de un fin pacífico y justo del conflicto.
El Estado de Palestina se propone ser una nación amante de la paz, comprometida con los derechos humanos, la democracia, el imperio de la ley y los principios de la Carta de la ONU.
Una vez admitido en su seno, nuestro estado estará dispuesto a negociar todas las cuestiones clave del conflicto con Israel. Lo estará haciendo desde la posición de un estado miembro de la ONU y no como un pueblo vencido obligado a aceptar los términos que se nos planteen, cualesquiera ellos sean.
Copyright The New York Times, 2011. Traducción: Elisa Carnelli.

martes, 3 de mayo de 2011


ENTREVISTA: PHILIP PULLMAN Escritor

"Ningún credo tiene derecho a sentirse ofendido"

PATRICIA TUBELLA - Londres - 30/04/2011
El buen Jesús y Cristo el malvado (Mondadori) es el provocador título de una fábula que desdobla la figura de Jesucristo en dos gemelos nacidos en Belén. El primero, sincero y carismático, abraza un mensaje social y moral, frente a un hermano manipulador que reescribe su vida para crear el armazón de una Iglesia poderosa. La crítica hacia las religiones organizadas es constante en la obra de Philip Pullman (Norwich, Inglaterra, 1946), erigido por jóvenes lectores en superventas gracias a la trilogía fantástica La materia oscura. Bestia negra de ciertos sectores religiosos que le acusan de promover el ateísmo, Pullman es también reconocido como uno de los grandes autores británicos de la posguerra. El dominical conservador Mail on Sunday llegó a calificarlo como "el autor más peligroso del Reino Unido", pero este escritor afincado en Oxford cuenta entre sus seguidores con el jefe espiritual de la Iglesia Anglicana, el arzobispo Rowan Williams. Jesús, según su nuevo libro, es un "humanista" despojado de rasgos divinos.

"No critico a la Iglesia porque mienta sino por buscar el poder"
Pregunta. ¿Mera ficción o un evangelio alternativo?
Respuesta. No, en absoluto. Se trata de una novela de ficción, con elementos alegóricos. Los evangelios están escritos para dictar a la gente lo que debe creer, y yo quiero hacer reflexionar al lector, porque la historia de Cristo no es la de Jesús.
P. ¿De dónde surge esa dualidad entre Jesús y Cristo?
R. La idea de que sean dos personas diferentes me permite mostrar lo que es y no es valioso en los evangelios. El Jesús de la Biblia es más interesante que el de la Iglesia, un hombre dulce y afable, no brusco y lleno de ira. Me parece trágico que la Iglesia intentara durante siglos evitar que la Biblia fuera leída, haciéndola solo accesible en latín para evitar que la gente se planteara preguntas.
P. Se ha jactado de la publicidad que le procuraron grupos como la Liga Católica de EE UU al promover el boicot de sus novelas por su "mensaje subliminal ateo".
R. Me complace, quiero que la gente se agite y piense. Nadie, ningún credo tiene el derecho a sentirse ofendido, por el bien de la libertad de expresión. Y también me refiero a la inmigración procedente de países musulmanes: deben aceptar que pueden ser ofendidos, esa es nuestra democracia. Mi consejo a cualquier escritor sería que no lea una crítica si no es capaz de aceptarla.
P. ¿Por qué arrastran una legión de seguidores novelas que, independientemente de sus cualidades literarias, cargan contra la Iglesia, como El código Da Vinci?
R. No se trata de un fenómeno nuevo. La gente busca en esos libros teorías conspirativas, códigos secretos, les atrae la idea de una verdad escondida.
P. Ha conseguido fama como autor de literatura juvenil. ¿A quién se dirige esta nueva obra?
R. No es un libro para niños. El lector ideal sería alguien que haya leído la Biblia y conozca la cristiandad (algunas referencias resultarían incomprensibles a lectores de otras confesiones), un cristiano abierto de mente.
P. Aunque se declara ateo desde la adolescencia, en su libro inserta elementos sobrenaturales, como los ángeles.
R. Los ángeles o demonios no existen, pero son útiles para el narrador. Mi crítica a la Iglesia no reside en que sostenga algo que no es cierto, sino en que busca con ello gran poder político.
P. Esa crítica no solo es aplicable a las iglesias.
R. Y la Rusia soviética es un buen ejemplo de ello. Ese absolutismo, la idea de que su verdad es la única. Mi crítica no se dirige solo a la Iglesia cristiana sino a todas las iglesias y a los sistemas políticos totalitarios.
P. Su Cristo constata una contradicción: sin la historia no habría Iglesia, y sin la Iglesia, Jesús sería olvidado. A pesar de todo, ¿la Iglesia es necesaria?
R. Es una paradoja difícil de reconciliar. ¿Es necesaria la religión? Debemos pensar en ello, y quizá concluyamos que la necesitamos. Pero cuando el clero tiene tanto poder se ve tentado a todo tipo de abusos, mire los escándalos en la Iglesia de Irlanda...
P. ¿Quién es el Jesús de su libro?
R. Un gran humanista. Le admiro como un hombre, porque eso es lo que era. Tenía un increíble poder con el lenguaje y era un genio como creador de metáforas. Pero una vez muerto, el resto fue inventado.

martes, 26 de abril de 2011

"Soy cristiano y marxista"

Personalidades / Ernesto Cardenal

El sacerdote y poeta nicaragüense visitó la Argentina para presentar un documental sobre la tarea religiosa, social y artística que desarrolló en una isla de su país. En esta entrevista evoca aquella experiencia y analiza luces y sombras de la revolución sandinista

Viernes 04 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa
Por Mauro Apicella
LA NACION
En la iconografía infantil, Dios es un hombre añoso de cabellera, barba y túnica blancas. Esa imagen podría corresponder a la del sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Claro que él usa boinas negras, detalle que le da un toque revolucionario. Es decir: dentro de la iconografía infantil, esa imagen sería la del Dios revolucionario.
Don Ernesto estuvo en la Argentina hace unos años para el III Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Rosario, y regresó a nuestro país en enero último para presentar el documental que cuenta la historia de su trabajo, durante el segundo lustro de la década del 60, en las islas nicaragüenses de Solentiname. Pasó por Buenos Aires y por la ciudad cordobesa de Cosquín, donde presentó el largometraje realizado por Modesto López ante el público que asistió al "Encuentro Nacional de poetas con la gente", que desde hace 10 años forma parte de la programación del Festival Nacional de Folklore.
Cardenal es un religioso trapense que dejó un monasterio en Estados Unidos por consejo de su maestro y amigo Thomas Merton, para instalarse en una alejada comunidad en Solentiname. Su labor hizo que de allí salieran pintores, poetas y escultores campesinos. Apoyó la revolución nicaragüense, fue ministro de Cultura de su país entre 1979 y 1987 y se alejó del gobierno, desencantado por el rumbo que éste tomó en la década siguiente. Desde muy joven, desarrolla su tarea como escritor. Tiene en su haber títulos muy difundidos, como Cántico cósmico y El evangelio en Solentiname .
Días antes de la presentación en Cosquín, el poeta, religioso y revolucionario conversó con adn de muchos temas. "Venga mañana, a las once. Ernesto lo espera a esa hora para la entrevista. Anote la dirección", había dicho Modesto López. Para las once de aquella mañana, la llovizna fresca enfriaba el calor festivalero que se sentía por esos días. En el jardín de la casona cercana al río Cosquín, donde estaba alojado Cardenal, la tranquilidad, el olor a césped mojado y las reflexiones del veterano poeta también contribuían al contraste con el frenesí musical. Ernesto Cardenal rememoró las revoluciones que fueron y las que no, habló de la contemplación, del cristianismo, del marxismo y de la actualidad política de América latina. Ese hombre de 86 eneros, cumplidos hacía muy poco, era el mismo que en una charla sobre el origen de la vida había contado que las computadoras estaban construidas con la arena del mar ("De silicio, que es el principal compuesto presente en la arena del mar", explicó en una conferencia ofrecida en Asturias, en 2004).
Sentado en un cómodo sillón, el hombre de cabellos largos, camisa blanca y boina negra no era Dios, pero no dejaba pasar nada por alto. "¿Esta entrevista no es para un periódico?", preguntó mientras señalaba la videocámara que estaba sobre la mesa ratona. "Sí. Quédese tranquilo. Fíjese que no lo estoy enfocando. La estoy usando para registrar su voz porque mi grabador no anda bien", respondió el cronista, con la sospecha de que quizá la duda había quedado dando vueltas. O no. Porque Cardenal no parece una persona afecta a las dudas. El envejecimiento, la vida y su origen (algo a lo que tantas palabras le ha dedicado en sus libros), la muerte y la resurrección fueron algunos de los primeros temas que pasaron por esta charla y que, realmente, no cargaban en su voz un tono dubitativo. "Nunca tuve dudas. Siempre fui cristiano", dijo. Y a esto se podría agregar que es un hombre de fe que ha buscado muchas respuestas en la ciencia. "Sí -confirma-. En la naturaleza. En los nuevos descubrimientos. La ciencia me acerca más al autor de la creación, que es Dios."
-¿Cómo lleva su sacerdocio? ¿Hace mucho que no celebra misa?
-Sí. Porque tengo una sanción del Vaticano que se llama suspensión a divinis . Un teólogo en Florencia me dijo que no debería llamarse así sino a humanis porque ha sido por razones políticas en el tiempo de la revolución en Nicaragua. Junto con otros sacerdotes que apoyamos la revolución tuvimos esta suspensión que significa la prohibición de administrar sacramentos. Pero sigo siendo sacerdote. La prohibición para mí no es importante porque no me hice sacerdote para administrar sacramentos sino para unirme a Dios y llevar una vida contemplativa. Mi vocación fue contemplativa, no de pastoral sacerdotal.
-¿Qué siente al ser una persona que está al servicio de Dios y al mismo tiempo es reconocida y famosa, con todas las tentaciones del ego?
-Lo de reconocido y famoso ha sido gradual. No hace mucho tiempo que empecé a ser conocido. En los últimos años mi obra ha tenido mucha divulgación y publicaciones en varias lenguas. Pero no sé si muchos lectores. Y nada de eso es garantía de excelencia. Habrá que ver las razones de la divulgación. Yo creo que fue el esfuerzo de algunos editores míos, especialmente el de Alemania, que hizo una gran labor. El escritor inglés T. S. Eliot dice que a la grandeza literaria se llega por razones extraliterarias. En el caso mío, esa "grandeza pequeña" se debe a los temas que traté, a la inspiración de mi poesía: los pobres, los oprimidos, la justicia social. Ésas son las razones extraliterarias.
-Cuénteme ahora aquello por lo que se ha lamentado.
-Por la pérdida de la revolución. Ésa es la pena más grande de mi vida.
-¿Se refiere a cuando, a fines de los años 80, dejó el Ministerio de Cultura y comenzó a desencantarse por el rumbo que tomaba el gobierno nicaragüense? ¿Qué fue lo que más lo decepcionó?
-Es que fue una revolución muy bella de diez años y pico. Para mí y para muchos otros, la mejor revolución que ha habido, la que ha tenido más solidaridad y cariño en el mundo entero y también la que ha significado la mayor transformación para Nicaragua en toda su historia. Nosotros creíamos que sería para siempre pero fue frustrada por la injerencia de Estados Unidos y la pérdida de unas elecciones. Eso fue el fin de la revolución; no la pérdida de las elecciones. Porque esa revolución era democrática. Es un riesgo democrático perder elecciones. Habiendo sucedido eso, la revolución pasó a ser oposición. Y los altos dirigentes perdieron la moral y comenzaron a robar escandalosamente en el tiempo de transición, antes de entregar el poder al nuevo gobierno. Ya no se podía hacer una revolución desde la oposición. Simplemente quedó un partido político corrompido que es el que más tarde volvió al poder.
-¿Cómo ve el panorama social y político en América latina?
-Muy bueno, a excepción de Nicaragua. Me gusta el hecho de retomar el sueño bolivariano que lleva adelante Hugo Chávez. Tratar de unificar a América como un solo poder en contraposición al poder del Norte. El mismo proceso socialista que hay en Ecuador, Uruguay y Paraguay, ahora con un obispo de presidente, y la Argentina, con un presente sumamente esperanzador. Y también está el ejemplo de Brasil, que es gran esperanza para América latina. Agregaría México, no todo, pero sí el sur, con el movimiento zapatista del subcomandante Marcos. Es la última revolución del siglo XX y la primera del XXI.
-Usted estuvo con Marcos hace algunos años. Salvando las diferencias temporales, ¿cree que el movimiento zapatista tiene características similares a las del sandinismo de la revolución en Nicaragua?
-Pues... tiene las características del primer zapatismo, de Emiliano Zapata. Eso es lo que hereda. Y eso también inspiró a Sandino. Porque Sandino, igual que Zapata, nunca quiso ser presidente. Quiso un gobierno agrario, campesino y de cooperativas. Y no quiso ser un partido. De manera que existieron esos lazos de identificación.
-¿Hacia dónde va hoy el movimiento zapatista?
-Lo ignoro. No sé en qué están ahorita, ni para dónde van, ni hasta cuándo van a estar así, enmascarados.
-Volvamos a su trabajo en Nicaragua, ¿cuánto influyó el Concilio Vaticano segundo en experiencias como la de Solentiname?
-Fue producto del concilio. La teología de la liberación también nació de ahí. Fue el movimiento latinoamericano de volver al Evangelio. El problema es que el nombre fue mal escogido. Los obispos la llamaron así por no llamarla teología de la revolución. Esa era una palabra demasiado fuerte para ellos. Usaron la palabra liberación como un eufemismo. En mi opinión, fue una teología de la revolución y marxista, aunque no todos los que han participado en ella aceptan eso. O lo matizan diciendo que del marxismo sólo se aceptó el método social. Creo que si la hubieran llamado teología de la revolución, nadie se preguntaría de qué se trataba porque todos saben lo que significa la palabra revolución. Y nadie se preguntaría por qué el Vaticano se opone a esta teología, ya que el Vaticano se opone a toda revolución desde hace muchos siglos. Las revoluciones fracasaron en muchos países, lo mismo que el intento de hacer sociedades de modelo marxista. No quiero decir que Marx haya fracasado, porque eso sería como decir que el cristianismo ha fracasado, sino que fracasó la aplicación que se ha hecho de él. Ha sido verdaderamente contraria al cristianismo: la corrupción de los papas del Renacimiento, la Inquisición, las Cruzadas. El escritor y humorista inglés Chesterton decía que el cristianismo nunca había fracasado porque no se había puesto en práctica. Lo mismo se puede decir del marxismo. Sin embargo, yo sigo siendo cristiano y marxista.
-Aunque muchos consideren esto como una contradicción.
-Sí, pero no tiene por qué serlo. Es como decir cristiano y demócrata. Como tampoco hay contradicción entre cristianismo y medicina. No son la misma cosa; tampoco son contrarias ni incompatibles.
-¿Cuál fue y es el principal problema del cristianismo? ¿Que cada uno lo quiere entender a su manera?
-El mismo que tuvo Jesucristo en su tiempo: el cristianismo es difícil de practicar. Amar a los demás como a uno mismo. En eso se fundó el reino de Dios. El amor a los demás y la entrega de uno mismo. El morir para los demás, que fue lo que él hizo. Tratar de imitarlo es sumamente difícil pero tenemos la obligación de hacerlo. A eso lo llamó el Reino de Dios. Eso era algo subversivo en esa época como en ésta lo es revolución.
REFLEXIONES MISTICASPara quienes estén interesados en la literatura mística, éstos son algunos títulos que fueron producto de la dedicación contemplativa de Ernesto Cardenal.
Vida en el amor . "Es un libro que escribí al salir del monasterio. Son reflexiones místicas, publicadas con un extenso prólogo de Thomas Merton."
El telescopio en la noche oscura . "Un librito pequeño, que se puede decir que es místico y contemplativo."
Cántico cósmico . "Aunque no está dedicado a lo contemplativo, lo místico está presente en algunos pasajes."
"POR MILAGRO"Ernesto Cardenal es modesto respecto de su experiencia en una isla nicaragüense del archipiélago de Solentiname, a mediados de la década del 60. "Yo no llegué allá con algún propósito. Estaba en un monasterio trapense en Estados Unidos y mi maestro orientador, el escritor místico, muy célebre, Thomas Merton, me aconsejó no entrar en otra orden religiosa sino fundar una comunidad que fuera pequeña en mi país. Eso fue lo que hice para vivir una vida contemplativa. Irme solito como ermitaño iba a ser difícil, por eso fui acompañado por otros pares. Llegué con dos compañeros del seminario que renunciaron al sacerdocio por esa aventura. Pero era un lugar alejado de todo, muy pobre, y no podíamos dejar de atender las necesidades más inmediatas de allí y de las islas. Yo era párroco de la pequeña población campesina. Además de celebrar misa teníamos alguna labor social que no pudimos dejar de hacer. Por ahí vimos que un campesino había hecho una pintura primitiva. Le dimos telas, pinceles y óleos. Hizo un cuadro que se vendió en Managua. Así empezaron a pintar otros y surgió ese movimiento pictórico primitivo campesino. Lo mismo pasó con la artesanía y la poesía. Yo no había proyectado nada de eso, aunque le dio cierta importancia a mi estadía allí. Pero no debe exagerarse."
Y así de espontáneo fue el Evangelio en Solentiname : "En la misa, al leer el Evangelio, yo no hacía una predicación. Lo comentábamos con la gente. Eso me pareció tan interesante que comencé a grabar sus comentarios. Primero lo publicamos en una revista y luego en un libro de dos tomos llamado el Evangelio en Solentiname . Se editó en muchos países y muchas lenguas. Todo ocurrió por accidente... No. Esa palabra no es correcta. La correcta es por milagro".

martes, 22 de marzo de 2011

Espiritualidad de la Creación - Matthew Fox


PUNTOS CLAVE: 
Una noción básica en la espiritualidad de la creación de Fox es el don de la reverencia, respuesta mística a la creación y primer paso de la transformación. La reverencia provoca la indignación ante la explotación y la destrucción de los pueblos y los recursos de la tierra. La reverencia conduce a la acción.

Para más información acerca de Matthew Fox y de la Universidad de la Espiritualidad de la Creación ver - www.creationspirituality.com  

Praxis y Teoría (del libro Espiritualidad de la Creación)

…En Iglesia, Carisma y Poder, Leonardo Boff enumera varias características de la Teología de la Liberación que pueden ser provechosamente analizadas con relación a la Espiritualidad de la Creación.
…Es esencial recordar que la espiritualidad es praxis, la praxis de la religión. Gran parte de la religión de los países superdesarrollados se encuentra en libros, edificios, instituciones académicas, títulos, sermones y palabras. Aunque, por cierto, el aprendizaje sea esencial para una religión saludable, no reemplaza a la praxis. Pensar en Dios no sustituye al saborear a Dios, y hablar acerca de Dios no sustituye el dar a la gente maneras de experimentar a Dios. La religión “civil” o institucionalizada puede seguir subsistiendo con poca práctica espiritual, pero eventualmente la asistencia a la iglesia declina a medida que la gente empieza a encontrar la iglesia menos significativa y menos interesante que el entretenimiento provisto por la sociedad secular*. Cada vez menos gente es atraída por el cristianismo en países del “Primer Mundo” debido a la poca práctica y a la poca espiritualidad presente en la religión.
…a lo largo de los años, muchas personas me han dicho que Bendición Original, mi exposición sistemática de la Espiritualidad de la Creación, “nombra mi experiencia”.  Como resultado de nombrar, se honra, se celebra y se alienta nuevamente el misticismo. Cuando al Espíritu  se le permite fluir, nuestras tradiciones religiosas se reaniman.
Nombrar el viaje forma parte de la metodología de la Teología de la Liberación. En 1968 el Congreso de Obispos de Medellin distinguió tres etapas en el viaje de la Teología de la Liberación. En primer lugar, el “momento de ver”, seguido por el “momento de juzgar”, y finalmente el “momento de la acción”, en el que se diagraman los cursos de acción pastoral. Boff escribe: “el momento decisivo es el de la actividad transformadora: una praxis transformadora, en un compromiso concreto con grupos constituidos para la reflexión y la acción”. Observen como estos tres pasos son análogos a las Cuatro Vías. Pues “ver” es lo que sucede en las Vías Uno y Dos; contemplar la belleza y la oscuridad sin juzgar. En la Vía Tres, la Vía Creativa, juzgamos, eligiendo en qué imágenes confiaremos para sumergirnos en ellas; es el camino de la toma decisiones en el viaje. La Vía Cuatro, la Vía Transformativa, constituye el momento decisivo de la acción, retornando a la sociedad con la energía y la creatividad de las Tres previas, para contribuir a la celebración social y al hacer justicia.
Dado que van más allá del mero “pensar”, a la acción basada en la reflexión crítica y las elecciones creativas, tanto la Espiritualidad de la Creación como la Teología de la Liberación requieren praxis y teoría.

Del Miedo Fundamentalista a la Confianza en el Cosmos

¿Acaso no es el miedo el mayor problema actual? ¿Acaso no es por miedo que las naciones gastan sumas cuantiosas en armas, mientras sus pueblos carecen de abrigo, comida, salud y educación? ¿No es acaso el miedo el que enfrenta entre sí a sectas religiosas y a razas? El fundamentalismo en todas sus variante -  cristiana (protestante o católica), islámica, judía – parece basarse en el miedo: miedo al universo, miedo a la ciencia, miedo a la perdida de sí mismo, miedo a la nada… Además Tomás de Aquino observa que “todo miedo deriva del amor”. Enfrentar el miedo implica descubrir lo que verdaderamente amamos. ¿Qué aman los fundamentalistas? ¿Acaso es el poder lo que algunos codician? ¿O los privilegios? ¿Es el propio dolor , que afloraría a la superficie si no negaran su propio sufrimiento? ¿Es acaso todo un sistema del que no se animan a desprenderse por miedo a una nueva cosmovisión o a una distribución alternativa del poder? ¿Hay allí un niño herido, despreciado?
Se me ocurrió el año pasado, mientras meditaba sobre el relato navideño acerca de q2ue, si de algo no redimió Jesús a los humanos, es el miedo. Las primeras palabras que escucha María del mensajero cósmico o ángel, en el Evangelio de Lucas son: “No temas”. La palabra “miedo” aparece 365 veces en las Escrituras cristianas: cada día de año se nos advierte que podemos avanzar más allá de miedo. Los textos mesiánicos de Isaías hablan largamente de superar el miedo. Jesús enseño” Ama a tus enemigos” (Mateo 5:44) y nuestros enemigos es todo lo que nos provoca miedo. La Epístola de Juan afirma simplemente que “el amor expulsa el miedo” (1 Juan 4:18). Confiar en sí mismo, en la imaginación, en los demás, en el universo, este es el significado básico de la fe, en los Evangelios y en nuestra época. Tener fe es confiar. Confiar otorga poder. “Sigue tu camino, tu confianza ha restaurado tu salud” dice Jesus (Mateo 9:22). Tomás de Aquino enseñaba que el miedo es un pecado, y la tarea de los profetas, según Rabí Heschel, es “expulsar el miedo”. Como profeta, el trabajo de Jesús era “expulsar el miedo”. ¿Acaso los que proclaman seguir sus huellas se ocupan de “expulsar el miedo”? Una espiritualidad saludable hace pasar a la gente, del miedo al coraje. Ninguna religión basada en el miedo puede proclamar que está siguiendo a Jesús.
Junto con el miedo aparecen el sectarismo y la estrechez de miras. El fundamentalismo, ya se trate de fundamentalismo cristiano, judío, musulmán o hindú, ve el mundo como “nosotros, los protegidos “vs. “los demás”. El miedo nos cotrae física y espiritualmente, tornando al alma pequeña y defensiva. La Espiritualidad de la Creación, por el contrario, habla del ecumenismo profundo, como el encuentro de las tradiciones místicas de todas las religiones del mundo.
La Cosmología nos enseña que auténtico miedo es lo antes llamamos, “reverencia”. El “miedo al Señor”, que menciona el salmista, es la reverencia que sentimos por estar en el universo. El “Señor” es después de todo, quien gobierna el universo.
Tomás de Aquino advierte contra el “pecado del miedo”, pues “los que tienen mucho miedo… están tan atentos a su propia pasión  que no prestan atención al sufrimiento de los demás”. Esto explica porque la injusticia y la injusticia no son temas de discusión frecuentes entre los fundamentalistas religiosos. Cuando uno está presionado por el miedo, no ve ni la justicia ni la injusticia. El fundamentalismo no critica la injusticia. He advertido que las categorías de “justicia” y de “injusticia” no aparecen en el vocabulario de los predicadores fundamentalistas. Sin embargo, las Escrituras enseñan que amar es hacer justicia, y Eckhart dice que “compasión significa justica” y que “quien entienda lo que digo acerca de la justicia entendió todo lo que tengo para decir”.
Nuestra civilización cansada es cínica, violenta y ofrece “entretenimiento” para distraer a la gente de su depresión y de su desesperación. “ El pan y circo” reemplazan la pasión por la justicia y la belleza. Como dije en la Llegada del Cristo Cósmico, un senex negativo domina nuestro mundo superdesarrollado, mientras nuestro puer, tratado sádicamente sigue subdesarrollado.
La práctica de la Espiritualidad de la Creación trae al puer, al niño mística, nuevamente a la vida, al liberar a la misma creatividad. Como lo escribió Rabi Heschel al momentar la tradición mística jasídica dentro del judaísmo: “Dios no es sólo el creador de la tierra y del cielo. Dios es también el Uno “que creó el deleite y la alegría”… hasta la más humilde diversión tiene su origen último en la santidad. El fuego del mal se combate mejor con las llamas del éxtasis que con el ayuno y la mortificación…Los jasídicos agregaron una nueva prohibición: “No envejecerás”.