Lo han apodado el “Guillermo Tell del catolicismo” y el anti-Papa… Este teólogo, considerado uno de los cien intelectuales más influyentes del mundo, fue el principal crítico del pontificado de Juan Pablo II y lo es ahora de su ex compañero de universidad, Benedicto XVI, como vuelve a quedar de manifiesto en su nuevo volumen de memorias, “Verdad controvertida”
Nacido en Sursee (Suiza) en 1928, ha sido sucesivamente catedrático de teología fundamental, de teología dogmática y de teología ecuménica en la Universidad de Tubinga, de cuyo Instituto de Investigación Ecuménica es director desde 1980. A partir de 1996, fecha de su jubilación y libre de las obligaciones de la enseñanza, proyecta continuar intensamente su ya extensa labor teológica En la actualidad es director de la Fundación Ética Mundial, entidad dedicada a la investigación intercultural e interreligiosa a favor de la ética mundial.
Entre sus numerosas obras, se encuentran títulos tan conocidos como Proyecto de una ética mundial (1998), Mantener la esperanza (1993), Creso (1997), Grandes Pensadores Cristianos (1995) Teología en libertad. Diálogo con Hans Küng (1998), El Judaísmo. Pasado, presente, futuro (1994), El Cristianismo, (1997).
Comenzó su vida laboral como párroco en Lucerna y posteriormente obtuvo una plaza en la Universidad de Tubinga, donde comenzó a dar clases en 1960 en la Facultad de Teología católica. Küng promovió con insistencia la necesidad de una reforma de la Iglesia Católica y Juan XXIII lo nombró teólogo conciliar, por lo cual participó activamente en el Concilio Vaticano II.
Abogó por un acercamiento real entre la Iglesia católica y la protestante, y defendió la necesidad de una apertura de la Iglesia al mundo moderno, para lo cual debían transformarse necesariamente sus estructuras, ya que, según él, es imposible lograr una paz en el mundo si antes no se consigue una paz entre las distintas religiones. Las posturas de Küng fueron haciéndose cada vez más radicales, lo que trajo como consecuencia que en 1979 la Congregación para la Doctrina de la Fe Católica dictaminara que no podía continuar ejerciendo la docencia en la Universidad, hecho que, no obstante, levantó numerosas protestas internacionales. En 1994 se analizó de nuevo su caso y se falló en contra de lo que la Congregación había dictaminado en 1979.
Hans Küng propone la visión de un nuevo paradigma de las relaciones internacionales que incorpore nuevos actores a la escena global.
»En nuestros días surgen de nuevo las religiones como actores en la política mundial. Es cierto que a lo largo de la historia las religiones han mostrado con demasiada frecuencia su lado destructivo. Han sembrado y legitimado el odio, la enemistad, la violencia y hasta las guerras. Pero también han fomentado y legitimado en muchos casos la comprensión, la reconciliación, la colaboración y la paz. En los últimos decenios han surgido en todas partes del mundo fuertes iniciativas de diálogo interreligioso y de colaboración entre las religiones.
»Las religiones del mundo han descubierto en este diálogo que sus propias afirmaciones éticas fundamentales dan ulterior profundidad a los valores éticos seculares que se contienen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el Parlamento de las Religiones del Mundo de 1993, en Chicago, más de 200 hombres y mujeres, representantes de todas las religiones del mundo, expresaron por primera vez en la historia su consenso sobre algunos valores, actitudes y estándares éticos comunes como base para una ética mundial, los cuales han sido luego asumidos en el informe de nuestro grupo de expertos para el Secretario General y la Asamblea plenaria de Naciones Unidas. ¿Cuál es, pues, la base para una ética mundial que pueda ser compartida por personas de todas las grandes religiones y tradiciones éticas?».
A continuación citaba yo los ya mencionados principios fundamentales de humanidad y reciprocidad y las orientaciones elementales de la Declaración de Chicago, concluyendo con estas palabras: «Algunos politólogos pronostican para el siglo xxi un “conflicto de las culturas”. Nosotros nos atrevemos a proponer una visión de futuro muy diferente; no un simple ideal optimista, sino una realista visión de esperanza; las religiones y culturas del mundo, en colaboración con todas las personas de buena voluntad, pueden ayudar a evitar ese choque de culturas si ponen consecuentemente en práctica las siguientes ideas:
no habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones;
no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones;
no habrá diálogo entre las religiones sin estándares éticos globales;
no habrá supervivencia en paz y justicia en nuestro mundo global sin un nuevo paradigma de las relaciones internacionales, fundado en estándares éticos globales».

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