Tiempo de reflexión
El cristianismo, objeto de persecución
http://www.lanacion.com.ar/1340156-el-cristianismo-objeto-de-persecucion
Marcos Aguinis
Para LA NACION
Para LA NACION
Lunes 10 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa
La criminal agresión contra una iglesia copta en Alejandría, que dejó decenas de muertos y heridos, es sólo una muestra irrefutable de la campaña contra las minorías cristianas que se viene desplegando en Africa y Asia desde hace décadas, con el silencio culposo del resto del mundo. Esta agresión no se limita a intimidar personas, expulsarlas y recortarles sus derechos, sino que llega al asesinato.
El cristianismo, desde que consiguió terminar con las persecuciones romanas y convertirse en una religión dominante, no ha conocido otras heridas que las que se infligieron entre sus propias denominaciones o en las campañas de expansión. A partir del siglo XIX y gran parte del XX, la democracia y el enciclopedismo impulsaron hondas reflexiones eclesiales en todas las instituciones cristianas.
El Concilio Vaticano II, convocado por el revolucionario papa Juan XXIII, alcanzó el nivel de los paradigmas. El cristianismo dejó atrás su modalidad parcialmente inquisidora y se volcó de forma decidida hacia la libertad y el respeto por la diversidad en materia de fe. Excepto algunas minúsculas -aunque todavía hostiles- sectas fundamentalistas, el océano mundial de los cristianos apoya y practica la tolerancia en el campo religioso.
Gracias a su noble impulso, proliferan encuentros ecuménicos y manifestaciones fraternales. Pero obstruye la visión sobre el sufrimiento que padecen comunidades cristianas minoritarias. Pese a la globalización, en muchas regiones aún predomina la barbarie. Los esfuerzos para avanzar hacia el diálogo, que abundan en Occidente, no emocionan ni penetran a numerosos sectarios. Para colmo, muchos gobiernos e infinidad de organizaciones prefieren poner sordina ante los crímenes porque suponen que erguirse contra esos fanáticos hace el juego a la discriminación, la xenofobia y la intolerancia. Creen que ajusticiar a quienes persiguen y matan cristianos contradice sus postulados pacíficos. Por eso, las pocas voces que se expresan, aunque muy alarmadas, cuidan en extremo los vocablos.
El pecado mayor no reside en enfrentar con energía a los salvajes, sino en dejarlos hacer, impunemente. Muchas agresiones religiosas todavía tienen lugar en países democráticos y modernos, pero contra ellas pelean organizaciones de diverso tipo. No ocurre así donde falta la democracia y reina el sectarismo. Ni siquiera la prensa o las organizaciones que defienden los derechos humanos se dedican a investigar y denunciar esos horrores con la energía que corresponde.
La ONG llamada Mechric (Comité Cristiano del Medio Oriente), formada por instituciones de Irak, Líbano, Sudán, Irán, Siria y todo el norte de Africa, fue fundada en 1981 para monitorear las agresiones que se venían cometiendo contra las poblaciones cristianas desde el océano Indico hasta el Atlántico. La reciente masacre contra la importante iglesia copta de Alejandría determinó que esa entidad publicase un documento en el que -¡por fin con palabras claras!- condena a sus autores directos e intelectuales. "Este acto atroz fue realizado por los seguidores jihadistas de una ideología criminal corporizada por Al-Qaeda, la red Salafi y sus aliados, que están infiltrando las elites de toda la región". Mechric presenta sus condolencias a las víctimas y sus familiares y urge a los pueblos cristianos del orbe a movilizarse en favor de sus hermanos y hermanas del Medio Oriente, gravemente amenazados por una permanente discriminación. "También convocamos a los sectores democráticos y las organizaciones defensoras de los derechos humanos de los países árabes y musulmanes a condenar la barbarie cometida contra los coptos de Egipto y contra los cristianos de Irak y otras regiones de la zona. Sostenemos que el gobierno de Egipto es responsable por la suerte de los ciudadanos coptos".
Emplaza, asimismo, a las Naciones Unidas, porque esas matanzas y profanaciones se vienen realizando desde hace décadas, sin que se hayan adoptado iniciativas para acabar con ellas.
Visité Alejandría hace poco tiempo, con el corazón latiéndome en la garganta. La recorrí en todos los sentidos y contemplé sus paisajes imaginándome que también los habían disfrutado cantidad de sabios, historiadores, filósofos, santos, poetas y guerreros. Hice abstracción de los edificios vulgares que empezaron en la época de Nasser y destrozaron cantidad de lugares significativos, para imaginarla en sus momentos de esplendor. Allí había vivido y escrito Lawrence Durrell su maravilloso Cuarteto de Alejandría , donde anticipaba la angustia de los coptos ante la inminencia de las persecuciones. Ya no es el mejor lugar turístico de Egipto, porque se prefieren los balnearios construidos por los israelíes junto al mar Rojo. Pero sigue su población fija y sigue habiendo coptos, cuya iglesia visité con el respeto que merece la antigüedad y el valor simbólico que exhala: los coptos conforman una de las denominaciones cristianas más antiguas de la historia, y aseguran haber sido evangelizados por mi tocayo San Marcos. La comunidad copta ha contribuido a la riqueza espiritual y material de Egipto. Se fue reduciendo a sólo el 10 por ciento por una sistemática discriminación que no cesa de aumentar.
Lo mismo sucede en otros países de Medio Oriente: disminuyen los cristianos. No es un secreto que en Arabia Saudita está terminantemente prohibido construir una iglesia o exhibir una cruz, pese a que ese país construye mezquitas suntuosas por doquier (en la Argentina hasta se le donó un valiosísimo terreno). Tampoco está permitido construir iglesias ni exhibir símbolos cristianos en la Franja de Gaza. Con el gobierno de la Autoridad Palestina, el hijo de un peluquero en la ciudad de Qalkilya fue encarcelado por el presunto crimen de haber formulado dudas respecto al islam; en Belén fue intendente durante décadas un cristiano; ahora, el intendente es musulmán. Los católicos también están desapareciendo de Irán, pese a que los voceros mentirosos del gobierno afirman lo contrario. No cesan de disminuir los maronitas en el Líbano, y casi no quedan en Siria.
Las matanzas ocurridas en Sudán a los largo de muchos años por hordas sedientas de sangre que irrumpían en las aldeas cristianas conforman una muestra del más extremo horror. Ni hablar sobre el genocidio de Darfur. Es indignante, porque Sudán seguía formando parte de las Naciones Unidas y hasta era incorporado a comisiones vinculadas con los derechos humanos. La prensa, mientras, apenas dejaba caer noticias sobre la masacre. Y ni desde los países vecinos ni desde los lejanos se producían gestos que obligasen a que las autoridades apagaran ese infierno. Era una clara guerra de exterminio que no quería cesar hasta la decapitación del último cristiano. El mismo cardenal Gabriel Zubeir Wako, arzobispo de Khartum, la capital, evitó por casualidad ser asesinado mientras celebraba misa.
En Eritrea se propagó la fantasía conspirativa de que los cristianos deseaban voltear la junta dictatorial y se puso en marcha una campaña para "limpiar" el país de los subversivos que portan una cruz. En Bagdad hubo un asalto a la catedral, en medio de la misa, y se asesinó a 58 personas, entre ellas mujeres y niños. Ese salvajismo irrefrenable a veces adquiere una grotesca tonalidad, como la obligación impuesta en Argelia a las mujeres cristianas para casarse de inmediato o ir presas, con el objeto de mantener la "moralidad" de las costumbres. ¡Vaya moralidad!
En la misa de Nochebuena, el Papa manifestó su angustia por la persecución que sufren los cristianos. Me recordó el mensaje Mit brennender Sorge (?Con ardiente inquietud') que Pío XI produjo ante el ascenso del nazismo. Pero así como el texto de Pío XI fue leído en voz baja por miedo a la represión, el de Benedicto XVI no ha producido aún el cimbronazo que corresponde. Horas después, el cimbronazo estalló en Bagdad, donde explotaron numerosas bombas en viviendas de cristianos. La respuesta fue clara: esos asesinos no se amilanan ante simples discursos. El resultado fue un incremento del éxodo de familias cristianas hacia el Norte, donde la población kurda no es tan fanática en materia de religión, como, desgraciadamente, los sunnitas y chiitas.
Durante la dictadura del general Muhammad Zia en Paquistán se sancionó una ley contra la blasfemia. El término "blasfemia" es vago, porque incluye desde una expresión insultante hasta una ingenua duda sobre las verdades del Corán. Provee al gobierno de un arma que deja encarcelar o ejecutar a cualquier opositor, endilgándole ese crimen -aunque haya dicho algo en la intimidad o que ni siquiera lo haya dicho, pero se le atribuye-. La acusación de blasfemia es imposible de refutar: siempre se cree más al que denuncia. Por casualidad, trascendió que dos jóvenes cristianos de la ciudad de Ahwali debieron ocultarse por las amenazas de ser quemados vivos por blasfemar. Otros dos jóvenes no tuvieron la misma suerte. Acaban de asesinar a un político que pretendía terminar con esta aberración jurídica.
No son menores los castigos en Egipto. Allí fueron incendiadas numerosas viviendas en la aldea sureña de Al Nawahid, en la provincia de Kena, porque se rumoreaba que un cristiano tenía relaciones amorosas con una joven musulmana. El intelectual egipcio Tarek Heggy manifestó en Otranto, Italia, que "los coptos están pagando el precio por la creciente islamización de la sociedad. La islamización creciente de las últimas décadas es la responsable por la intolerancia que se expande". "La Hermandad Musulmana oculta sus propósitos de hegemonía política tras su red de ayuda social, servicios médicos y educación para los sectores más desprotegidos". Es la técnica que también emplea Hamás en Gaza. "La rica literatura y poesía árabe es sustituida por textos sagrados", agregó Heggy. Hasta 1960 Egipto fue una sociedad mediterránea y después declinó hacia una árabe-beduina, que no sólo influye en la educación, sino en los diarios, la radio y la televisión.
Estos medios demonizan a los cristianos. Sin decirlo con claridad, los sectarios prefieren un Medio Oriente Christenrein (limpio de cristianos), así como ya lograron que sea Judenrein (limpio de judíos) al expulsar 600.000 judíos entre 1948 y 1949. Para completar este último objetivo, sólo les falta deslegitimar a Israel y luego borrarlo impunemente del mapa. En cambio, para terminar con los cristianos bastaría el terror. Mientras, claro, el resto del mundo se mantenga escondido tras su detestable indiferencia. Y los musulmanes democráticos y moderados -que, se dice, son la mayoría- sigan haciendo mutis por el foro.
Fanáticos asesinan al único ministro cristiano del gobierno de Pakistán
Publicado el 3 de Marzo de 2011
Por Can Merey Nueva Delhi / Dpa
Había recibido amenazas por oponerse públicamente a la ley musulmana contra la blasfemia. El atentado parece reforzar el poder de los islamistas y alentar un creciente caos en esta potencia atómica enfrentada con la India.
Había recibido amenazas por oponerse públicamente a la ley musulmana contra la blasfemia. El atentado parece reforzar el poder de los islamistas y alentar un creciente caos en esta potencia atómica enfrentada con la India.
No tenía ningún miedo pese a haber recibido amenazas de muerte por sus críticas a la ley musulmana contra la blasfemia en Pakistán, según había dicho recientemente a la agencia de noticias alemana Dpa. Pero ayer los islamistas hicieron realidad sus amenazas y acabaron con la vida de Shahbaz Bhatti, el único ministro cristiano del ejecutivo paquistaní.
Los radicales volvieron a atacar y a asesinar en el centro de la capital de Pakistán, Islamabad. El ministro de Minorías del gobierno murió en medio de una lluvia de balas.
Hace sólo dos meses el gobernador de la provincia oriental de Punjab (que concentra 80 millones de habitantes de un total de 171 millones de paquistaníes), Salmar Taseer, fue asesinado por uno de sus guardaespaldas también por haber criticado la ley antiblasfemia. Los dos asesinatos parecen apuntar un poder cada vez mayor de los islamistas y el hundimiento en el caos de esta potencia atómica tradicionalmente enfrentada a la India. Tras el asesinato de Taseer, el gobierno liderado por el Partido Popular de Pakistán (PPP) tenía buenos motivos para actuar contra los islamistas, pero dejó pasar la ocasión y se plegó a la autoridad religiosa de los mulás, que desde hace tiempo recuperaron el poder en las calles.
La diputada del PPP Sherry Rehman, quien quería introducir en el Parlamento modificaciones a la ley, fue frenada por el primer ministro, Syed Yousuf Raza Gilani. Desde entonces, Rehman apenas aparece en público porque, como la mayoría de los liberales, teme por su vida. Sus temores se vieron ayer una vez más fundamentados con el asesinato de Bhatti, cuya autoría asumió un grupo talibán.
El ministro Bhatti, partidario de cambiar la ley aunque no de legalizar la difamación a Dios o anular la normativa, fue uno de los pocos liberales que tuvo el valor de expresarse públicamente después de la muerte de Taseer: “El asesinato del gobernador me afirma aun más en la necesidad de trabajar en este tema, porque ¿durante cuánto tiempo queremos ver cómo se mata a personas inocentes por esta ley”, dijo.
La ley antiblasfemia pena teóricamente la difamación de todas las religiones, pero en la práctica sólo se aplica en los casos para el Islam, y a menudo se abusa de ella para anular a rivales personales. Con frecuencia una denuncia basta para tener a los inculpados durante largos períodos de tiempo en prisión preventiva. Pese a que en Pakistán nadie fue condenado a muerte por blasfemia, algunos acusados fueron linchados tras su puesta en libertad.
La acusación que trepó a los titulares de todo el mundo fue la presentada contra la cristiana Asia Bibi. Un tribunal de Punjab la condenó a muerte el año pasado, en un caso que se encuentra en manos del Tribunal Superior de la capital provincial, Lahore. El gobernador Taseer y el ministro Bhatti constituían dos de los apoyos más famosos de Bibi. Los islamistas exigen que sea colgada, algo que podría dañar aun más la imagen de Pakistán en Occidente. Eso es quizá lo que Pakistán no se puede permitir ya que para sortear la grave crisis económica que atraviesa, necesita la ayuda millonaria que llega desde los Estados Unidos. La relación entre Washington e Islamabad se encuentra empañada desde enero por el conflicto desatado cuando el estadounidense Raymond Davis mató a disparos, bajo oscuras circunstancias, a dos paquistaníes en Lahore.
Según el gobierno estadounidense, Davis tiene inmunidad diplomática por ser empleado de la embajada estadounidense en el país. El presidente, Barack Obama, exigió personalmente su puesta en libertad, aunque sin éxito, mientras los islamistas exigen colgar a David.
El débil gobierno paquistaní se encuentra también ante otra prueba de poder contra los poderosos mulás: la condena a muerte del asesino de Taseer, Mumtaz Hussain Qadri, podría generar protestas masivas porque Qadri no sólo cuenta con el respaldo de los islamistas, sino también de una amplia parte de la población que lo considera un héroe. <
Los radicales volvieron a atacar y a asesinar en el centro de la capital de Pakistán, Islamabad. El ministro de Minorías del gobierno murió en medio de una lluvia de balas.
Hace sólo dos meses el gobernador de la provincia oriental de Punjab (que concentra 80 millones de habitantes de un total de 171 millones de paquistaníes), Salmar Taseer, fue asesinado por uno de sus guardaespaldas también por haber criticado la ley antiblasfemia. Los dos asesinatos parecen apuntar un poder cada vez mayor de los islamistas y el hundimiento en el caos de esta potencia atómica tradicionalmente enfrentada a la India. Tras el asesinato de Taseer, el gobierno liderado por el Partido Popular de Pakistán (PPP) tenía buenos motivos para actuar contra los islamistas, pero dejó pasar la ocasión y se plegó a la autoridad religiosa de los mulás, que desde hace tiempo recuperaron el poder en las calles.
La diputada del PPP Sherry Rehman, quien quería introducir en el Parlamento modificaciones a la ley, fue frenada por el primer ministro, Syed Yousuf Raza Gilani. Desde entonces, Rehman apenas aparece en público porque, como la mayoría de los liberales, teme por su vida. Sus temores se vieron ayer una vez más fundamentados con el asesinato de Bhatti, cuya autoría asumió un grupo talibán.
El ministro Bhatti, partidario de cambiar la ley aunque no de legalizar la difamación a Dios o anular la normativa, fue uno de los pocos liberales que tuvo el valor de expresarse públicamente después de la muerte de Taseer: “El asesinato del gobernador me afirma aun más en la necesidad de trabajar en este tema, porque ¿durante cuánto tiempo queremos ver cómo se mata a personas inocentes por esta ley”, dijo.
La ley antiblasfemia pena teóricamente la difamación de todas las religiones, pero en la práctica sólo se aplica en los casos para el Islam, y a menudo se abusa de ella para anular a rivales personales. Con frecuencia una denuncia basta para tener a los inculpados durante largos períodos de tiempo en prisión preventiva. Pese a que en Pakistán nadie fue condenado a muerte por blasfemia, algunos acusados fueron linchados tras su puesta en libertad.
La acusación que trepó a los titulares de todo el mundo fue la presentada contra la cristiana Asia Bibi. Un tribunal de Punjab la condenó a muerte el año pasado, en un caso que se encuentra en manos del Tribunal Superior de la capital provincial, Lahore. El gobernador Taseer y el ministro Bhatti constituían dos de los apoyos más famosos de Bibi. Los islamistas exigen que sea colgada, algo que podría dañar aun más la imagen de Pakistán en Occidente. Eso es quizá lo que Pakistán no se puede permitir ya que para sortear la grave crisis económica que atraviesa, necesita la ayuda millonaria que llega desde los Estados Unidos. La relación entre Washington e Islamabad se encuentra empañada desde enero por el conflicto desatado cuando el estadounidense Raymond Davis mató a disparos, bajo oscuras circunstancias, a dos paquistaníes en Lahore.
Según el gobierno estadounidense, Davis tiene inmunidad diplomática por ser empleado de la embajada estadounidense en el país. El presidente, Barack Obama, exigió personalmente su puesta en libertad, aunque sin éxito, mientras los islamistas exigen colgar a David.
El débil gobierno paquistaní se encuentra también ante otra prueba de poder contra los poderosos mulás: la condena a muerte del asesino de Taseer, Mumtaz Hussain Qadri, podría generar protestas masivas porque Qadri no sólo cuenta con el respaldo de los islamistas, sino también de una amplia parte de la población que lo considera un héroe. <
La difícil supervivencia de los cristianos coptos en Egipto
La escisión de la iglesia copta se conoce en el mundo católico como herejía monofisita
Manuscrito copto. (Foto: librosybibliotecas.blogspot.com).
Pero no sólo los cristianos egipcios son llamados coptos; también los cristianos etíopes, los eritreos e históricamente, aunque desaparecidos tras la invasión islámica, los nubios.
La Iglesia copta nació tras la separación operada en el Patriarcado de Alejandría a causa de las divergencias creadas por el Concilio de Calcedonia en 451, cuando la Iglesia, por motivo de la herejía nestoriana, se vio precisada de definir las naturalezas humana y divina como propias de Cristo. Los coptos, celosos de la divinidad del Salvador, consideraron que la sustancia humana de este había sido absorbida por su infinita naturaleza divina y, por tanto, en Cristo no habría más que divinidad. Es lo que se conoce como herejía monofisita.
Prédica de Marcos
Egipto fue evangelizado por el apóstol San Marcos a partir de las comunidades hebreas residentes en Alejandría. Fue allí donde se adoptó como símbolo cristiano la cruz. Además, el que fueran los judíos quienes aceptaran originariamente la nueva predicación se ha traducido en la pervivencia de la Biblia Septuaginta –escrita en griego y utilizada por los judíos desde el siglo III a. C.– como la canónica en la Iglesia ortodoxa copta.
Existen dos grandes grupos que reciben la denominación de copto: los ortodoxos y los católicos, aunque los primeros son mayoría muy amplia. Los católicos son una secesión de la Iglesia copta mayoritaria, operada en el siglo XVIII, cuando un obispo copto de Jerusalén
se pasó al catolicismo, y con él la comunidad copta a la que pertenecía. Aunque dicho obispo más tarde reingresaría en el cisma ortodoxo, la línea de sucesión apostólica se mantuvo tras él, y la comunidad permaneció católica. Hoy día, la mayor parte de los católicos coptos viven en el alto Egipto.
Silueta luminosa
Esta Iglesia, obediente al Papa romano, como el conjunto de los católicos, tiene por cabeza a su propio patriarca de Alejandría, que reside en El Cairo. El patriarca es nombrado por el Santo Sínodo de la Iglesia católica copta y luego requerido por Roma para la comunión eclesial con la Santa Sede.
En el mundo del islam, las comunidades coptas viven como islas en un mar de hostilidad. Las principales ciudades egipcias cuentan todas con su barrio copto, en el que se hacinan los cristianos que aún sobreviven, tal y como lo hacían durante la Edad Media. De vez en cuando, los grupos más radicales de confesión musulmana desfogan contra dichas comunidades todo su odio y frustración.
El cristianismo copto en Egipto fue duramente atacado por los extremistas musulmanes en El Cairo pocas fechas antes del estallido de las revueltas contra Mubarak. Sin ir más lejos, el pasado sábado, los asistentes a un entierro de dos musulmanes muertos en una riña, terminaron su duelo quemando una iglesia.
En la actualidad, en Egipto viven unos siete millones de coptos; en su mayoría, ortodoxos. En Etiopía hay unos 50 millones de coptos ortodoxos y en Sudán son buena parte de los tres millones de cristianos. Eritrea tiene unos dos millones de coptos, más una cierta población católica nada desdeñable.
En los últimos años, la comunidad copta egipcia ha sido testigo de manifestaciones marianas de gran trascendencia, aprobadas como tales por la máxima autoridad copta ortodoxa. Entre ellas, las apariciones de 1968, que se prolongaron hasta 1970, y que sucedieron en la localidad de Zeitun (olivo, en árabe) en una poderosa evocación de la paz. Acaecidas sobre la iglesia de San Marcos, tuvieron lugar en un sitio en el que, según asegura la tradición, encontró acomodo la Sagrada Familia durante su huida a Egipto.
La epifanía mariana, en forma de luminosidad recortada contra un fondo de profunda oscuridad nocturna sobre los templos coptos, se ha reproducido en otras ocasiones, algunas muy recientes. Aunque no hay mensaje alguno, sino solo contemplación, muchos fieles han querido ver en estas apariciones una bondadosa y animante advertencia del Cielo.
http://lavozylaopinion.com.ar/cgi-bin/medios/vernota.cgi?medio=lavoz&numero=enero2011¬a=enero2011-4Cristianos hostigados
Pilar Rahola
Pilar Rahola
Y allí dominan, tanto vía leyes como vía violencia, tratan a los cristianos como auténticos siervos sin derechos...
Me sorprende la sorpresa general. Asesinan a decenas de cristianos en Nigeria, y nos preguntamos qué pasó. ¿Por qué los matan? ¿No habíamos quedado en que no existía el choque de civilizaciones y en que el tal Huntington era una especie de incendiario que no aceptaba las bondades de la hermandad planetaria? ¿No estaba claro que las religiones se amaban entre dioses tanto como deseaban entenderse entre mortales? Entonces, ¿qué ocurre en Nigeria? Será cosa de los africanos, dicen los listos, que ya se sabe que tienen sus cosas. Pero entonces, ¿qué ocurre en el resto de los países? ¿Por qué huyen de sus casas los cristianos iraquíes? ¿Por qué ha disminuido tanto la población cristiana de Belén? ¿Por qué viven aterrorizados los coptos egipcios?
¿Por qué son hostigados los cristianos pakistaníes? Y así hasta el infinito de una colección de preguntas que resultan tan vistosas como fútiles. Porque sabemos la respuesta. La sabemos, pero ¿nos atrevemos a decirla? Para nada, no en vano estamos sometidos a un terror cósmico que nos atenaza las palabras y nos convierte en avestruces asustadizos, cuya cabeza en el agujero deja el trasero al aire. La respuesta es simple y demoledora: el islam político, tanto en su derivada legal, como en sus variadas fracciones radicales, es abiertamente hostil al resto de las religiones que palpitan en su interior.
Ya no se trata de la división clásica entre el Dar al Islam (la casa del islam) y el Dar al Harb (la casa de la guerra), sino de una reislamización radicalizada que, asentada en una tecnología moderna y en una riqueza astronómica, cree que ha llegado el momento de imponer su dominio. La idea del diálogo entre religiones es una idea moderna que, hoy por hoy, practica el cristianismo con convicción –alejado, afortunadamente, de sus veleidades imperialistas violentas de antaño–, pero que no practica para nada el islam. Cohabitan, se interrelacionan con cruzados e infieles, pero desprecian profundamente al cristianismo, tanto que cultivan ese desprecio en todos los relatos posibles: desde la escuela hasta los medios de comunicación, desde la literatura hasta la ideología. Y allí donde dominan, tanto vía leyes como vía violencia, tratan a los cristianos como auténticos siervos sin derechos. ¿Cómo puede sorprendernos que cuatro locos asesinen a cristianos en Nigeria, si el faro del islam, Arabia Saudí, condena a muerte a un ciudadano por mostrar una cruz? Si sus derechos están brutalmente diezmados en la mayoría de los países musulmanes. La deriva violenta sólo es el resultado último de una política oficial que, a la luz de la legalidad, segrega, desprecia e impide ser cristiano en esos países. Y nosotros callamos, miramos a otro lado y, estrujados de miedo, hasta reñimos al Papa cuando dice que en nombre de Dios no se puede matar. Hemos abandonado a los cristianos que viven en el islam.
El resto viene solo.
El mundo
El cristianismo, la fe de las minorías más perseguidas en muchos países
En lugares como Irán, Gaza y Sudán, pero también en la India, Paquistán y otros países asiáticos, las comunidades cristianas son hoy las víctimas de lo que el autor llama una "ola de fobia", que se traduce en ataques violentos, persecución y muerte
Bernard-Henri Lévy
Para LA NACION
Bernard-Henri Lévy
Para LA NACION
Domingo 02 de enero de 2011 | Publicado en edición impresa
. Foto Ver más fotos
En una reciente entrevista con la agencia española EFE, afirmé que los cristianos constituyen hoy la comunidad más sistemática y violentamente perseguida en el mundo, y que sus perseguidores disfrutan de una total impunidad.
Mis palabras causaron sorpresa.
Aquí y allá incluso provocaron algunas reacciones.
Y sin embargo?
Basta ver Paquistán, donde Asia Bibi fue condenada a la horca -en base a una ley que castiga la blasfemia y cuya abolición nadie está esforzándose seriamente por lograr- por haber, supuestamente, insultado al islam y al profeta Mahoma.
Basta ver a los católicos que quedan en Irán. Pese a que el gobierno dice lo contrario -y pese a que el país dio la bienvenida al cardenal francés Jean-Louis Tauran en Teherán y Qom-, estos católicos tienen prohibido practicar abiertamente su religión.
Por supuesto que está el caso de Gaza pero también el de la Palestina de Mahmoud Abbas, lamentablemente, donde recientemente un joven blogger, Waleed al-Husseini, hijo de un peluquero en Qalquilya, fue encarcelado por el simple crimen de atreverse a criticar al islam.
También en Sudán: aún puedo recordar a John Garang describiéndome, cinco años antes de su muerte en Juba, la interminable guerra de exterminio encabezada por islámicos radicalizados en el norte contra los cristianos (y otros no musulmanes) en el sur y donde, este mes, el cardenal Gabriel Zubeir Wako, arzobispo de Khartum, evitó por poco ser asesinado mientras celebraba una misa al aire libre en esa ciudad. Los cristianos evangélicos de Eritrea, los más pobres entre los pobres, a quienes la junta acusó de organizar un golpe de Estado, previo a comprometerse a "purgar" al país de cristianos antes de Navidad.
Los sacerdotes católicos que fueron asesinados a las puertas de sus iglesias, como el padre cristiano Bakulene, sacerdote de la parroquia de Kanyabayonga, en la República Democrática del Congo, que fue asesinado el 8 de noviembre por hombres de uniforme, todos ellos llevados a la locura por la misma teoría conspirativa.
La fobia anticristiana orquestada en Nueva Delhi por parte de los fundamentalistas hindúes de Vishwa Hindu Parishad y por los regímenes totalitarios aún existentes en Cuba, Corea del Norte y China, donde los fieles son oprimidos, encarcelados o encerrados en campos de concentración.
Las luchas de los cristianos en Argelia, sobre lo que se nos llamó la atención nuevamente con el hermoso film de Xavier Beauvois Des Hommes et Des Dieux ("De Dioses y Hombres"). La de los cristianos coptos en Egipto, donde, no importa lo que se diga, el islam sigue siendo la religión oficial del Estado.
Por no mencionar el asalto del 31 de octubre de un comando de Al-Qaeda contra la Catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Bagdad, en medio de la misa, cuando 58 fieles fueron asesinados, muchos de ellos mujeres y niños.
Sé muy bien que, en la mayoría de esos países que he mencionado, el destino de los judíos, por ejemplo, fue decidido hace mucho, y si hoy se mata a menos de ellos allí que en el pasado, quizás sea porque no quedan demasiados.
Y obviamente no puedo bajar la guardia frente a todas las manifestaciones de anti-semitismo convirtiéndose sibilinamente en un antisemitismo que tiene menos que ver con los judíos mismos que con una visión abstracta de Israel como el rostro mismo del diablo. Tampoco me cuento entre quienes buscan excusas (la crisis financiera, el desempleo rampante, la búsqueda de un chivo expiatorio) para explicar la creciente fiebre racista que, en las democracias europeas e incluso en Estados Unidos, toma como blanco a las minorías árabe, turca y, nuevamente, a los gitanos (Roma).
Simplemente estoy diciendo que en algunas partes del mundo el antisemitismo, gracias al cielo, ha sido al fin declarado un crimen y como tal registrado y castigado.
Estoy diciendo que los prejuicios antiárabes o antigitanos, por suerte, son ahora estigmatizados por organizaciones como SOS Racismo, a cuya creación estoy orgulloso de haber contribuido, junto con Coluche, Simone Signoret y muchos otros, hace 25 años.
Y afirmo por otro lado que, frente a la persecución masiva de cristianos -con el escándalo, por ejemplo de Argelia, donde se obliga a las mujeres cristianas de Cabilia a casarse o ir presas-, frente a la lenta pero segura eliminación de los últimos vestigios de iglesias cristianas que tanto han contribuido a la riqueza espiritual de la humanidad (el Papa Benedicto XVI, parafraseando a la Torá, las llamó "los últimos restos"), de pronto no se encuentra quién los y las defienda.
Y por tanto debemos escoger una de dos cosas.
Adherir a la tonta y criminal doctrina de la competencia entre víctimas: cada grupo tiene sus muertos, su memoria colectiva y cada uno se preocupa por sus pérdidas.
O nos negamos a aceptarlo. Reconocemos que el corazón tiene capacidad para albergar muchas compasiones, muchas penas, sentimientos diversos pero de todos modos fraternales de solidaridad, y denunciamos con la misma energía (casi escribo "la misma fe") este odio global, esta marejada asesina que está victimizando a los cristianos. No debemos permitir que su estatus del pasado como miembros de la religión dominante -o al menos la más poderosa- nos impida ver las cosas con claridad.
¿Es permisible el asesinato cuando las víctimas son los fieles del "papa alemán"? ¿Es permitido oprimir, humillar, torturar en nombre de otra guerra de civilizaciones, no menos odiosa que la primera? No. En estos tiempos debemos defender a los cristianos.
© 2010 Bernard-Henri Levy
Bernard-Henry Lévy
Conocido en Francia como BHL, el más controvertido y mediático de los "nuevos filósofos" nació, en realidad, en Argelia, en la región francesa, en 1948. Hijo de un acaudalado empresario judío y educado en las mejores instituciones, tuvo entre sus mentores a Derrida y Althusser.
Constantemente asociado con el lujo y las bellas mujeres, ha trabajado como periodista y editor, y también incursionó en la literatura. Judío y ateo, izquierdista confeso, siempre está en el centro de la polémica por sus posiciones extremas, ya sea en su defensa del judaísmo, de las políticas de Israel o por su antiislamismo. En su nutrida producción se cuentan, entre otras, La barbarie con rostro humano , La ideología francesa , El siglo de Sartre y Ese gran cadáver caído de espaldas , frase utilizada por Sartre para calificar a la izquierda de 1960. Su última obra se titula Left in dark times: a stand against the new barbarism (En tiempos oscuros: un posicionamiento contra el nuevo barbarismo) .



No hay comentarios:
Publicar un comentario